lunes, 31 de enero de 2011
Morrenas
jueves, 13 de enero de 2011
Un sueño
lunes, 3 de enero de 2011
And fall into a dreamless sleep again
Tampoco yo sabía a dónde me dirigía, se trataba únicamente de la idea del trote solitario, del sonido que tiende con frecuencia a salirse del tono afinado de un camino reconocido; una pendiente que incita al descenso cómodo de la mañana.
Había soñado que alguien me decía, somos como los únicos que están vivos en esta ciudad de fantasmas,pero no se lo dije a Y, porque alguna vez me hizo sentir como desplazado, al contarle que había tenido un déjà vu aquella tarde en la zona; esta vez se había repetido y no sólo eso, el desayuno cerca del mercado también se repetía, pensé que esas formas, reiteraciones de sentido sólo funcionan para mí en un recorrido de símbolos, así que no le dije nada. Cada uno lee desde su propia individualidad el devenir. Y el sueño para mí se ha convertido como en un delirio.
Seguí a pie intentando bordear la ciudad de calles disparejas, con la fácil claridad de extravío.Las primeras horas de este día, me decía, me dejaré conducir por la incertidumbre, esa forma que tanto me gusta de moverse por el camino recto de un laberinto. La idea de que un caminante en zonas desconocidas dispone de un conocimiento, una intuición sobre el mutismo de las cosas, de las azoteas y la gente que nos mira andar y, a su vez, intenta ocultar sus secretos, pero que casi siempre se resiste a la mirada ajena; era la que quería hallar en esa mañana de sol en Xalapa. De momento sólo me quedan algunos registros de la memoria, y está bien, no necesito más, es de lo único que uno se puede valer.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Réquiem: -33° C
Alguien contó la historia de un hombre que intenta escuchar en las madrugadas el sonido helado de un refrigerador. Luis guardó el recuerdo en un recorte de libreta pautada.
El personaje A. había decidido vivir con su amante hasta el tiempo en que se cuenta esta historia, después de algunos años y pasando por esa especie de calma que se mantiene sólo al principio en una relación de pareja, siente una poderosa sensación de quitar lentamente el brazo de J. que le rodeaba por la cintura. Son 45 minutos pasados de las 12 a.m. El abandono como tema de un relato sin duda se ha repetido a lo largo de la historia en la literatura. Debo decir que, A. era un lector obsesionado de la idea: ausencia. Quita lentamente las sábanas, se levanta intentando no despertar a J., cierra la puerta del cuarto y baja hasta la cocina en donde tiene un sillón frente al refrigerador. A. cuidaba con especial cariño aquel artefacto mecánico. Cada vez que regresaba de algún concierto, compraba un detalle para el frigo-bar. Está de más decir que A. es un amante de la música. La última de esas veces llevó un pegote de la banda a la que había escuchado, una calcomanía rosa fluorescente que se iluminaba siempre alrededor de la 1 de la madrugada. Ahí estaba A., sentado frente al aparato que mantenía su comida fresca y enfriaba sus bebidas. Creía que por ese simple hecho, el refrigerador debía tener un cuidado especial. Pero algo más allá era lo que en realidad ocurría. El objeto era como un rompecabezas, estaba lleno. Contenía sus recuerdos. Las calcomanías y fotografías no cabían más. Una impresionante saturación de la memoria en papel. A partir de esa noche, cada vez que daba la 1 en su reloj, creía mover el brazo de J, llevarlo cuidadosamente sobre el colchón y entonces empezaba el ritual: bajar, sentarse frente al refrigerador a escuchar el silencio que se congela.Un silencio que contiene toda la idea de la soledad, aquella que se agolpa sobre las sienes encima de una almohada en noches desesperadas.. Pensaba en la idea de mantener por un solo momento contenido al silencio, además del detalle casi fotográfico del frío: una caja minimalista que bien pudo haber servido a John Cage. Era como mirar a través del espeso vacío del cristal de un vaso. Escuchar como deslizan las letras f z r e e e con la inmobilidad que produce la ausencia de voz -llamándole desde la habitación- y la noche que inunda toda la cocina con el asomo de la luz fría.
Luis abre la libreta pautada y piensa en lo paradójico que es contar esta historia. Escribe símbolos, notas musicales que apuntan a callar. Se da cuenta que su libreta se ha llenado de huecos sonoros, que el silencio le está ganando, que algo empieza a hacerlo perderse en las palabras que no escribe, en la ausencia que recrea, que la moleskine musical ha empezado a perder su función.
Escribe al fin: There is no music and you´re freezing.
jueves, 16 de diciembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
Mensaje con dedicatoria
Bien. La noche corre las cortinas del ocaso. Abajo queda el día exhausto, con sus hombres exhaustos y sus sombras exhaustas. Ha cesado el peregrinaje que no conduce a ninguna parte. Sino a esto: a otra fatiga, a la tristeza sin voz, al olvido de uno mismo.Mientras tanto, el engranaje de los astros agita sus élitros de fuego. El avión desgarra el insomnio de los dioses. Fiel custodia, la Cruz del Sur protesta.¿Qué importa? Su locura andariega está nutrida por fragantes madrigales. Busca el claro de luna en los suburbios del más allá. Y sigue de largo, caballero anhelante, dentro de su brillante armadura.La tierra abajo es sólo una ilusión remota. Se siente ahora el pulso de la eternidad.Estoy en pleno jardín nocturno.Footing Homo viator. Juan Filloy

