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domingo, 22 de noviembre de 2015

Instantes

El tiempo es una caída azul, su trayecto el de una bicicleta que rueda en un instante de cielo; la medición del horizonte se juega del lado de una cara de la moneda que resbala por una ventana desde donde alguien mira y siente el aire, una ventisca formando un caracol como marca del territorio de otra era.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

21/11/11

Llegué a la entrada del edificio blanco. La vi, con la pierna haciendo un arco y su mirada que pide ser vista. Seguí de frente. Pensé: ¿estamos preparados para soportar nuestra mirada?

*
Hace 4 años dejé de soñar.

*
¿Cuál es el lazo que une la idea de que hoy sea 21/11 y el sueño que funciona como una punta del hilo que se deshilvana, una línea que forma espirales como tocando varios puntos: Digamos que la mujer real y la del sueño nacieron el 01/09.

*
El pasado y presente se cruzan en una sola línea: 21/11/11, o quizá estén en una frase que aún no existe.

*
Dónde está la anécdota de lo que se quiere contar, dirían algunos de mis viejos maestros. El núcleo de la historia que debe ser contada está contenida en una oración futura.

martes, 5 de julio de 2011

Requiem per un amico

Si las cosas aparecen de manera gratuita, alguien entonces debería decirme qué significa el hecho de que, ayer por la mañana escuchara Travel de los Lounge Lizards y al mismo tiempo, en otro espacio, un espacio simbólico supongo; una persona a la que consideraba un excelente conversador, un gran lector por lo demás y un amigo como los pocos, moría. La noticia me llegó tarde, lo supe a penas ayer por la noche. No fue hasta abrir mi correo electrónico que, dicho sea de paso, es el único medio de comunicación al que hoy en día le soy fiel; leí en la pantalla que había muerto y fue como un flechazo directo a alguna parte de mi ser, saber que no habría más charlas con él, no más tardes de café y psicoanálisis y el reconocimiento en ese espejo que se crea en el tejido de las palabras, no más pláticas sobre nuestros autores, sobre la muerte en la literatura. Ya nunca podremos hablar sobre aquella Agenda del suicidio y ya nunca, tampoco, regresaremos juntos a aquel lugar que nos gustaba tanto de empanadas argentinas ni habrá más encuentros fortuitos en los pasillos de las librerías, donde le veía callado acercarse con su forma azarosa a los libros y al final, antes de despedirse, me contaba alguna anécdota sobre Cortázar, o sobre lo que le había llevado a leer a algún escritor japonés que yo desconocía.
Pocas veces he sentido la muerte cerca, a pesar del gusto que tengo por ciertos escritores y el roce que ésta mantiene en cada una de sus letras. Anoche, fue como tenerla en casa diciéndome en secreto que en cualquier momento, no de manera clara, pero sí de forma simbólica que todo valía madres, fue como una muestra de insipidez por la vida, como una llamada de atención a la pretensión, porque, después de todo, partiremos con o sin ganas de este sitio.
Supongo que a muchos nos ha pasado alguna vez la desafortunada espera de la última cita, ésa que cifra cierto deseo, ciertas ganas de algo, y en algún momento, algo lo trunca, lo desvanece y sabes entonces que no sucederá jamás, te muestra una parte de la fragilidad, lo efímero se transforma, y es como si se corporeizara, el tiempo toma forma por un breve instante y se funde junto a las ganas...

No podía ser de otra forma, no está de más decir que la única reproducción del video en youtube que encontré, también muestra la insipidez de la que hablaba.

martes, 5 de abril de 2011

Una mirada a través del espejo

Imagen: André Kertész
La vida es un proceso de demolición
F. S Fitzgerald

Me siento como si hubiera activado el botón de invisibilidad. Al encontrarme parado, una tarde frente a un gran vitral en calle Reforma y la 5 sur, no pude sino sentir espanto. Vi todo menos mi reflejo, por unos breves momentos dejé de existir, veía las cámaras usadas, las bicicletas que ofertan en ese establecimiento, incluso, veía la claridad de un peugeot azul eléctrico, la hermosa conductora de éste que se miraba en el retrovisor aliñándose el cabello, pero yo no aparecía en esa línea intermedia del cristal, me dice Paul mientras vamos calle abajo hacia el centro. Le digo que cada vez más las ciudades suelen teñirnos de ese semblante como transparente, que dependemos de la mirada ajena y entonces, recuerdo una cita de Benjamin, en la que, al contrario del terror que sentía Paul, W.B pensaba en lo bonito que sería quedar perpetuado en las profundidades, con la única condición de que una de las tantas colinas submarinas llevase su nombre, fue la única manera que tuve como para intentar tocar el hombro de Paul quien por supuesto no se encontraba ahí.

viernes, 16 de julio de 2010

Anoche un ruido de bala me despertó. Alguien estaba tendido en el suelo, no logré reconocer su rostro. En el fondo sé, que le disparé a la persona de tus sueños, en mi sueño.

viernes, 7 de mayo de 2010

borrador


Fragmentos Vértigo de W.G Sebald.

Por lo demás, Beyle advierte que hasta las escenas más cercanas a la realidad de los recuerdos de los que se dispone merecen poca confianza. p.9
...aconsejaba Beyle, no se deberían comprar grabados de hermosos panoramas ni panorámicas que se vean cuando se está de viaje, porque un grabado ocupa pronto todo el espacio de un recuerdo; incluso podría afirmarse que acaba con él. p.10


martes, 16 de marzo de 2010

How to disapear

In a little while
I'll be gone
The moment's already passed

Thom Yorke
Entro en lugares atascados de gente y, me quedo en silencio, intento reducirme mientras camino cerca de lo que fue el río que ahora se compone por autos, autos y más, mi velocidad es en nada comparable cuando escucho un motor que corre a 120 Km/h.
Invento un personaje y lo tiro a la red. Intento reproducir su realidad virtual y me desdoblo ante una liquid cristal display y frente al reflejo que parpadea delante del cursor, me doy cuenta de que no puedo liberar mis pasos ¿los suyos? El LCD permea inevitablemente en mí, soy la apariencia de un espejo líquido.
Una más, cada vez que llames a mi teléfono, entre el sonar de la música y el sonido del celular, se escuchará un silencio que perdure porque nadie -es la idea- regresará una llamada.

viernes, 12 de febrero de 2010

ANTE TU ROSTRO TARDÍO,
solo
de camino entre
noches que a mí también me transfiguran,
vino a detenerse algo
que ya estuvo una vez con nosotros,
intacto de pensamientos.


Paul Celan. Atemkristall

viernes, 1 de enero de 2010

Imágenes de fin de año

Andén #1

Imagen Cliché:

Un vaso sin café y varias colillas de cigarro que se amontonan. Imagen cliché: viento que arrastra algunos papeles-basura de otros que se han ido.
Hoy parece ser el día de la gentileza: un niño me mira hojear el libro que sostengo intentando leer, al despedirse me desea un buen año y su padre, que me parecía un tipo rudo, me estrecha la mano como si me conociera de tiempo atrás. Empiezo a sentir una tendencia irreparable de desconfianza por la gentileza. Esta desconfianza es apenas comparable con algunas personas y aquellos que se creen demasiado artistas.

El tiempo en este andén ha sido medido desde las páginas del cuaderno gris que he conseguido después de una larga búsqueda. Soy en este momento como un animal paradigmático: no me produce nada la linealidad, nada la cronología.

Soy en palabras de Josep Pla como el río pasa y todo me lleva a quedarme, sentado en la ribera.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Roberto Bolaño y Ricardo Piglia conversan

Roberto Bolaño. Querido Piglia, ¿te parece bien si empezamos hablando de algo que dices en La novela polaca?: “¿Cómo hacer callar a los epígonos? (Para escapar a veces es preciso cambiar de lengua)”. Tengo la impresión de que en los últimos veinte años, desde mediados de los setenta hasta principios de los noventa y por supuesto durante la nefasta década de los ochenta, este deseo es algo presente en algunos escritores latinoamericanos y que expresa básicamente no una ambición literaria sino un estado espiritual de camino clausurado. Hemos llegado al final del camino (en calidad de lectores, y esto es necesario recalcarlo) y ante nosotros (en calidad de escritores) se abre un abismo.

Ricardo Piglia. Cambiar de lengua es siempre una ilusión secreta y, a veces, no es preciso moverse del propio idioma. Intentamos escribir en una lengua privada y tal vez ése es el abismo al que aludes: el borde, el filo, después del cual está el vacío. Me parece que tenemos presente este desafío como un modo de zafarse de la repetición y del estereotipo. Por otro lado, no sé si la situación que describes pertenece exclusivamente a los escritores llamados latinoamericanos. Tal vez en eso estamos más cerca de otras tentativas y de otros estilos no necesariamente latinoamericanos, moviéndonos por otros territorios. Porque lo que suele llamarse latinoamericano se define por una suerte de anti-intelectualismo, que tiende a simplificarlo todo y a lo que muchos de nosotros nos resistimos. He visto esa resistencia con toda claridad en tus libros, y también en los de otros como DeLillo o Magris, que escriben en otras lenguas. Me parece que se están formando nuevas constelaciones y que son esas constelaciones lo que vemos desde nuestro laboratorio cuando enfocamos el telescopio hacia la noche estrellada. Entonces, ¿seguimos siendo latinoamericanos? ¿Cómo ves ese asunto?

Bolaño. Sí, para nuestra desgracia, creo que seguimos siendo latinoamericanos. Es probable, y esto lo digo con tristeza, que el asumirse como latinoamericano obedezca a las mismas leyes que en la época de las guerras de independencia. Por un lado es una opción claramente política y por el otro, una opción claramente económica.

Piglia. Estoy de acuerdo en que definirse como latinoamericano (y lo hacemos pocas veces, ¿no es verdad?; más bien estamos ahí) supone antes que nada una decisión política, una aspiración de unidad que se ha tramado con la historia y todos vivimos y también luchamos en esa tradición. Pero a la vez nosotros (y este plural es bien singular) tendemos, creo, a borrar las huellas y a no estar fijos en ningún lugar. En estos días, estoy viviendo en California, en Davis, cerca de San Francisco, donde todo se entrevera, como sabes bien: los recuerdos del viaje al Oeste de la beat generation, con las novelas de Hammett, y los barrios paranoicos que describió Philip Dick conviven con la intriga de la cultura latina (en cada rincón de La Misión en San Francisco, en el Barrio invadido hoy por los jóvenes millonarios del Sillicon Valley, hay una figura o una imagen, un mural, una taquería, una bodeguita que tiene más color local que todo el color local que pudo imaginar Lowry, borracho, al pasear por Cuernavaca). De modo que aquí por contraste me siento un escritor digamos italo-argentino (un falso europeo, otro europeo exiliado). No creo que existan esas categorías en las historias de la literatura (están los italo-americanos, claro, pero se dedican al cine). Para mejor, estoy leyendo a W. H. Hudson (Días de ocio en la Patagonia), otro falso argentino, un europeo que nació en Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, y se crió entre gauchos hablando de lo que fue seguramente una versión prehistórica del spanglish. Y que a la vez escribía, ya lo sabemos, una de las mejores prosas inglesas que se puedan encontrar. Mejor que Conrad, a veces, menos barroco, más nítido, una extraña versión de Conrad, no sólo por la calidad de su prosa, y porque eran amigos, sino porque Hudson estuvo siempre desajustado y solo y fuera de lugar, como el polaco. Pero me estoy extendiendo. Me gustaría saber qué estás leyendo en estos días.

Bolaño. La última novela de Mendoza, La aventura del tocador de señoras, que me parece una novela muy buena. Pero permíteme que añada algo en relación a Hudson, un autor que leí muy joven. Yo creía entonces que Guillermo Hudson escribía en español y después de leer tres libros suyos me di cuenta de que escribía en inglés porque vi el nombre del traductor. No conozco bien la literatura argentina de finales del siglo XIX, pero tengo la impresión de que Hudson es uno de sus grandes prosistas. Algo similar ocurre poco después en Chile, con los primeros libros de Huidobro, que están escritos en francés. O con Rodolfo Wilcock, que acaba escribiendo en italiano. Hay como una especie de reflujo o de huida en algunos escritores, que los lleva a buscar, a instalarse o a indagar en una lengua menos adversa. Claro, éste no es el caso de Hudson. ¿Tú has leído a Mendoza?

Piglia. Me gustan mucho los libros de Mendoza, aunque no he leído la novela que estás leyendo. Es intrigante, es cierto, ese juego con las lenguas extranjeras y con las traducciones. Para mí, Hudson y Gombrowicz producen efectos raros en la literatura argentina porque hacen entrar una voz próxima, un fantasma familiar, que se mueve invisible en un terreno conocido. Hay una tensión entre lo que se lee en la lengua propia y lo que se lee fuera de la lengua materna. Y los traductores están en esa frontera. Me interesa mucho la vida de los traductores, son un molde extraño de escritor. Ligado a Hudson, estoy leyendo ahora una biografía de Constance Garnett, una mujer fantástica que se pasó la vida traduciendo a los rusos al inglés. Imagínate que tradujo todo Tolstói y todo Dostoievski y terminó, por supuesto, medio ciega, una viejita feminista, muy simpática. Casi todos los norteamericanos y los ingleses, de Hemingway a Forster, admiraban a Tolstói por medio de ella, aunque Nabokov la destestaba, claro que Nabokov detestaba a todo el mundo.

Bolaño. Estoy completamente de acuerdo contigo en la importancia de los traductores. Lo que dices de Constance Garnett me recuerda de alguna manera a Consuelo Berges, que tradujo todo Stendhal al español y que se convirtió seguramente en la principal autoridad sobre Stendhal que existe en nuestra lengua. Sus traducciones son extraordinarias. También pienso en Javier Marías, que no es una viejita devota de un autor concreto, pero que tiene una traducción de Tristram Shandy, de Sterne, ejemplar. Pienso que tal vez personas tan disímiles como Garnett, Berges o Marías deshacen en el aire el problema que planteaba Pound, que sólo un gran autor puede traducir a otro. En este caso, sólo Marías es un gran autor; Berges y Garnett, desde la óptica tradicional, no lo son, aunque también puede ser posible, y yo me inclino por esta solución imaginaria, que tanto la viejita inglesa como la viejita española sean, y no en el fondo sino delante de nuestras narices, grandes autoras invisibles.

Piglia. Tendríamos que hacer alguna vez una Enciclopedia Biográfica de Traductores Inmortales (e invisibles), ¿no sería sensacional? La inversa de la Enciclopedia de Tlön, algo más bien cercano a Manganelli o a las biografías imaginarias de Marcel Schwob, pero detalladas y reales, una lista de oscuros personajes extraordinarios, escritores asalariados que escriben a tantos centavos por palabra, los únicos verdaderos profesionales de la literatura, los nuevos folletinistas, que viven dedicados a la literatura, pero como escritores clandestinos, mal vistos y mal pagados, los verdaderos malditos, siempre postergados, siempre ausentes, y que por eso mismo serán quizá los grandes creadores del futuro. Serían pequeñas historias extraordinarias. Cortázar, que traduce todo Poe en una pequeña pieza de un pequeño hotel en Roma; el gran Sergio Pitol, al que durante años admirábamos sólo porque había traducido a Gombrowicz; el extraordinario trabajo de Nicanor Parra, con el Lear de Shakespeare; Aurora Bernárdez, traduciendo Pale Fire. Tendríamos que conseguir un mecenas y dedicarnos a preparar esa enciclopedia infinita. Estoy seguro de que nos haría inmortales, y sería no sólo un acto de justicia sino una revelación y una versión cómica de la por sí cómica historia de la literatura. Hay mil ejemplos. Pienso por ejemplo en el general Bartolomé Mitre, que libró batallas múltiples y fue luego presidente de la República a mediados del siglo XIX y que se dedico a traducir La Divina Comedia.

Bolaño. La Divina Comedia, ni más ni menos. Bueno, no se puede decir que no fuera pertinente. Y sobre lo que dices de Sergio Pitol, estoy totalmente de acuerdo. El primer libro de Pitol que cayó en mis manos fue una traducción suya de un escritor polaco hoy bastante olvidado, Jerzy Andrzejewski. El libro se llamaba Las puertas del paraíso y su argumento era el mismo que ya había tratado Marcel Schwob en La cruzada de los niños . Otro dato curioso: en mi ejemplar de La cruzada de los niños, el traductor dedica su versión de la obra a Julio Torri, que es un escritor mexicano rarísimo (o normalísimo, depende desde dónde se le mire) y que fue un hombre de una modestia yo diría que patológica y un gran escritor de textos breves. De alguna manera, Torri fue como el reverso de Alfonso Reyes, la brevedad ante la multiplicidad. Pero dejemos la literatura mexicana. A mí me interesa muchísimo la visión que tienes de la literatura contemporánea argentina, con esos cuatro puntos de referencia que son Macedonio Fernández, Borges, Arlt y Gombrowicz.

Piglia. Macedonio es un escritor excepcional, una especie de Marcel Duchamp de la literatura. Practica un arte puramente conceptual, interesado más en el proyecto que en la obra misma. En realidad, la obra no es otra cosa que el proyecto. Trabajó toda la vida en una novela que sólo era la idea de una novela que nunca se empezaba a contar y que estaba hecha básicamente de prólogos y de anuncios. Borges aprendió todo de él, sobre todo, la inutilidad de desarrollar un argumento que se puede resumir y contar como si ya estuviera escrito. Pensaba en Macedonio el otro día cuando leí que Eric Satie no abría nunca las cartas que recibía, pero las contestaba todas. Miraba quién era el remitente y le escribía una respuesta. Encontraron las cartas cerradas en un altillo y las publicaron junto con las respuestas de Satie. La correspondencia es fantástica porque todos hablan de cosas distintas y ésa, por supuesto, es la esencia del diálogo.

Bolaño. Yo creo que las cartas de Satie muestran una cierta deferencia para con el interlocutor, es decir, no deja cartas sin contestar, pero el conjunto de la correspondencia más bien es una aceptación, razonable, eso sí, de la imposibilidad del diálogo, aunque también caben otras explicaciones, la más obvia sería la desconfianza de Satie en la palabra escrita, que me parece improbable pues Satie es uno de los músicos que más ha escrito. También existe la posibilidad de que Satie, conociendo a sus amigos, no considerara necesario abrir sus cartas, o lo considerara redundante. Es curioso, pero podemos encontrar más de una semejanza entre Macedonio y Satie, pero ninguna entre Borges y Satie. Y yo creo que esto se debe a que Borges no lo aprende todo de Macedonio, sino también, una parte importante, de Alfonso Reyes, quien lo cura para siempre de cualquier veleidad vanguardista. Macedonio es el riesgo, la audacia, el vanguardismo y el criollismo juntos, pero Alfonso Reyes es el escritor, la biblioteca, y el peso que tiene sobre Borges es importantísimo, tanto en el desarrollo de su poesía como en su prosa. Digamos que Reyes proporciona el elemento clásico a Borges, la mesura apolínea, y eso de alguna manera lo salva, lo hace más Borges.

Piglia. Alguno de nosotros pensamos que quizá el siglo próximo será macedoniano, y que Borges estará ahí con el bello texto necrológico que leyó en la Recoleta, en medio de la tristeza general (lloviznaba en Buenos Aires), cuando hizo reír a los deudos con un chiste de Macedonio dicho en el entierro (“los gauchos fueron inventados para entretener a los caballos en las estancias”). Reyes era un caballero, leo siempre que puedo El deslinde. En cuanto al efecto Satie-Duchamp, creo que Borges es vanguardista como lector mientras que como escritor quiere ser clásico. En cuanto a la cortesía de Satie con sus amigos, es verdad que a los amigos se les contesta siempre y nunca importa lo que uno les diga en las cartas.

Bolaño. Sí, a un amigo se le contesta siempre, algo que a veces puede resultar terrible. Michel Tournier, en El espejo de las ideas, opone a la amistad el concepto del amor, y viene a decir algo como que todo lo que no toleraríamos jamás a un amigo, un acto de vileza, por ejemplo, lo toleramos y lo aceptamos en el amor, pues el amor, en ocasiones, y al contrario que la amistad, también se alimenta de la vileza, de la cobardía, de la bajeza. El amor, y la historia está llena de ejemplos que lo certifican, puede ser coprófago, algo que jamás es la amistad. Bueno, todo esto es relativo, por supuesto. William Burroughs zanja la cuestión a su manera, cuando afirma que el amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo. Recuerdo que cuando leí esta declaración de Burroughs, a los veintipocos años, me sentí muy apesadumbrado.

Piglia. Los amigos son lo mejor de la poesía, decía siempre un poeta argentino, Francisco Urondo, que murió asesinado por la dictadura militar. Las amistades literarias tienen siempre un aire extraño. La amistad entre Alfonso Reyes y Borges, por ejemplo, o la amistad silenciosa y brevísima entre Beckett y Burroughs, que se encontraron en Suiza y estuvieron una tarde juntos casi sin decir nada, conversando sobre ciertos matices del inglés en Irlanda que intrigaban a Burroughs (Beckett casi no habló, sólo dijo una frase que Burroughs consideró siempre el mayor elogio que había recibido: “Usted es un escritor”). O la amistad de Hannah Arendt y Mary McCarthy, fantástica, de la que nos ha quedado la correspondencia. O la amistad de Gombrowicz con el poeta Carlos Mastronardi, que discurría siempre del mismo modo. Mastronardi, que era un hombre muy fino y muy discreto, un gran noctámbulo y un extraordinario poeta que en toda su vida escribió un solo libro , lo esperaba en el Querandi, un café de Buenos Aires, tomando un té, y Gombrowicz llegaba siempre un poco apurado. Mastronardi lo recibía con gentileza y preguntaba “¿cómo está, Gombrowicz?”. Y Gombrowicz le decía siempre: “Cálmese, por favor, Mastronardi”. Como si Mastronardi se hubiera dejado llevar por una emoción excesiva por el solo hecho de saludarlo gentilmente. “Cálmese, Mastronardi”, fue durante años una de las consignas de mi juventud. Por eso, en fin, quiero decirte que esta conversación va a ser el comienzo de una amistad, o la continuación de la amistad que hemos establecido ya con nuestros libros. Pienso ir a Barcelona en las próximas semanas y ojalá podamos vernos y por supuesto siempre puedes venir a visitarme a California.

Bolaño. Yo también espero que nos podamos ver pronto, aquí o en cualquier parte.

Extranjeros del Cono Sur. Babelia (revista semanal) del diario El País, España, 3 de marzo del 2001.

martes, 15 de septiembre de 2009

La francesa

Una mujer inteligente.
Una mujer hermosa.
Conocía todas las variantes, todas las posibilidades.
Lectora de los aforismos de Duchamp y de los relatos de Defoe.
En general con un auto control envidiable,
Salvo cuando se deprimía y se emborrachaba,
Algo que podía durar dos o tres días,
Una sucesión de burdeos y valiums
Que te ponía la carne de gallina.
Entonces solía contarte las historias que le sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una chica con extraños rasgos de avaricia.
La conocí cuando acababa de cumplir los 25,
En una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y de la muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a predicar,
Una edad como cualquier otra, le decía mientras cenábamos
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más literario del planeta.
Pero para nosotros el prestigio estaba en otra parte,
En las bandas poseídas por la lentitud, en los gestos
Exquisitamente lentos
Del desarreglo nervioso,
En las camas oscuras,
En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías
Y en el hoyo de la realidad,
Nuestro absoluto,
Nuestro Voltaire,
Nuestra filosofía de dormitorio y tocador.
Como decía, una muchacha inteligente,
Con esa rara virtud previsora
(Rara para nosotros, latinoamericanos)
Que es tan común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen una cartilla de ahorros
y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán Cabral,
La nostalgia de lo no vivido,
Mientras aquel prestigioso río arrastraba un sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
En la perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir,
En verdad no sabía qué decir,
Salvo acariciada y sostenerla mientras se movía
Arriba y abajo como la vida,
Arriba y abajo como las poetas de Francia
Inocentes y castigadas,
Hasta que volvía al planeta Tierra
Y de sus labios brotaban
Pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación Con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
Con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
Mientras afuera caía la lluvia
Sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
En las bolsas de basura,
La lluvia que todo lo lava
Menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
Para volverla loca,
Aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
Y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
Fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba a durar mucho
Pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
Sentada junto a la ventana,
Su rostro suspendido en el tiempo,
Sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
Bajo la lluvia,
Bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
Los artesonados del Siglo XVII
Con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
Toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
Invicta a través de los años,
Invicta a través de los amores Inolvidables.
Eso dijo, sí.
Un amor inolvidable
Y breve,
¿Como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
La cabeza de un rey o un conde bretón,
Breve como la belleza,
La belleza absoluta,
La que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
Y que sólo es visible para quienes aman.



Roberto Bolaño. Los perros románticos

lunes, 17 de agosto de 2009

Tierra de Fuego

Estuvimos hablando en la cocina hasta la alta noche;
la lámpara de aceite brillaba con suavidad
y los objetos, alentados por su quietud,
surgieron en medio de la oscuridad para decirnos
sus nombres: silla, jarra, mesa.

A medianoche, me invitaste a contemplar
el oscuro cielo de agosto, recorrido
por una explosión de estrellas.
El pálido resplandor de la noche infinita
temblaba encima de nosotros.

El mundo ardía en silencio,
un fuego blanco que lo envolvía todo,
ciudades, iglesias, pilas de heno con perfumes
de trébol y yerbabuena. Los árboles ardían
en sus copas, el viento, las llamas, el agua, el aire.

¿Por qué es tan silenciosa la noche, si los volcanes
mantienen los ojos abiertos y el pasado
es presente, amenazando, acechando
en su guarida, como el enebro o la luna?
Tus labios están fríos y la aurora
será un pañuelo en una frente enfebrecida.

lunes, 13 de abril de 2009

Espejismos habitados


" Un mapa, -dijo-, es una sinopsis de la realidad, un espejo que nos guía en la confusión de la vida. Hay que saber leer entre líneas para encontrar el camino. Fíjese. Si uno estudia el mapa del lugar donde vive, primero tiene que encontrar el sitio donde está al mirar el mapa. Aquí, por ejemplo, -dijo-, está mi casa. Hizo una cruz...Hay representaciones que se unen con las cosas de las que son signos por una relación visible. Pero en esa visibilidad hacen desvanecer el original. Cuando se mira un objeto como si fuera la imagen de otro se produce lo que yo he decidido llamar la situación sinóptica. Así es la realidad. Vivimos en un mundo de mapas y réplicas...-La idea de una cosa que deviene otra cosa que es ella misma y se sutituye en su doble, nos atrae, y por eso producimos imágenes. Pero mientras que el desdoblamiento representativo remite al despliegue de una relación articulada sobre un relevo, la sustitución sinóptica, -lo que yo llamo la sustitución sinóptica- significa la supresión del relevo intermediato. La réplica es el objeto convertido en la idea pura del objeto ausente."
Fragmento: Pequeño proyecto de una ciudad futura
Ricardo Piglia

viernes, 6 de marzo de 2009

Fracturas en el paisaje


Hay una condición fractus. El caso del lector no es la excepción. ¿Qué está pasando con la lectura que cada vez se reduce más? Podría llamarlo el malestar del link, la búsqueda perpetua de información. Nos llenamos, sobresaturamos la mente de información y olvidamos que nuestra memoria es espacial, entonces, ¿por qué esa idea de búsqueda concreta en la pantallas de la computadora? ¿por qué no dejarnos perder por los extraños caminos del libro, por la pantanosa senda de historias, por ese peso de las tapas y el olor de sus hojas? Hay una extraña relación que por momentos parece analogía. No lo es. Cuando leemos es bien sabido que nos encontramos en una especie de soledad, nos damos un tiempo para nosotros; sin embargo, el uso de computadoras y celulares, no marca ninguna relación directa con ese espacio solitario, es una soledad cibernética, un vacío saturado de enlaces. Nada tiene que ver.

Fracturemos nuestro entorno cotidiano, demos tiempo a la soledad, al café de las 5 de la tarde frente al libro, saquemos del bolsillo el último ejemplar adquirido y olvidemos el ruido de la ciudad en cualquier parque, adentrémonos en espacios rotos y con esa pedacería armemos nuestra realidad.


Más sobre el tema: Lector fragmentario

domingo, 4 de enero de 2009

Puzzle

Pieza blanca. Un reflejo de luz que fragmenta tu pierna.
Calles incompletas de la mente: extravío sensorial.
Una luz en la calle se mueve, ágil suspiro lunar mientras
caminamos estáticos, deteniendo el segundero en cada esquina:
reconstruimos con pedazos el tiempo.
Busco la ausencia en las noches en que armo mi camino con el rostro de la luna y tus esquinas inventadas.
Creo invariablemente en el fragmento y fragmento esto:
El detalle de la luz de tu pierna me persigue, en la mente
pues al final siempre falta algo, un fragmento del espacio, el vacío.

viernes, 2 de enero de 2009

Time Machine


Hay una repetición,

una constante a veces inabarcable, absoluta.

Hay una pintura delineada por las manos de alguien más;

otro es el que crea mi camino, otra la voz que me habla

y la mano, sujeción de instantes que me abarcan

¿Quién me escribe? ¿Persigue algo aquello que dice?

El tiempo remoto supera el estado actual.

Si la palabra y la tinta recrean un espejo

entonces estoy perdiéndome en el infinito,

en la repetición que odio,

en la repetición sin la que no existo;

nada detiene esta repetición, nada.

Todo en un tiempo arena:

reloj repetido del cerebro.




sábado, 20 de diciembre de 2008

Golpea la hoja un martillo
el silencio batalla
degenera la palabra.

Siempre hay un enfrentamiento:

a veces la noche miente
y perfila su blancura la nieve
otras, el silencio inanimado
es reflejo absoluto de la voz.

Una vez más pregunto desde el vacío,
hablo ausente en el acantilado
tenso lo más que puedo

la mirada.

Inserto el sonido mínimo
espada ambigüa del lenguaje
instante
que se mantiene en la nota.

jueves, 11 de diciembre de 2008



Oscilan las palabras,

las miradas a veces se pierden.
El detalle no está en su lugar,
extraviado como tantas cosas
en un orden cronológico.
Ocupa el espacio la incertidumbre.
El fonema crea la palabra
trascendida por el viento
y se va el sonido
no se detiene.
Hay un silencio de espejos.
Sólo queda
consumida
la memoria.


Imagen tomada: ciudadcultura.com.mx Autor: Leopoldo García

martes, 9 de diciembre de 2008

Instantánea I

La oscuridad se despliega inmensa reflejándose en los charcos
llena del bullicioso pasado que ahora silencia,
el juego de sombras, las miradas presienten, se tocan, se respiran
como el deseo, son una luz intermitente que dura el tiempo de un alto.
El automóvil se ha detenido con paciencia zen
se baña con las primeras gotas de sol,
hay un tiempo ahí adentro,
una humedad que traspasa la barrera metálica,
un ambiente que se recorre entre fluidos.
De su boca se desprenden gemidos que antes fueron palabras:
el amanecer tiene la facultad de modificar los sonidos
los convierte en un ritmo
un swing que se repite en una escala inabarcable.
Te mostraste breve, palabra finita,
llena de nimiedades que ahora sostienen mi brevedad
y no estarás más para abarcarte completa.
Entonces me quedo con la medida milimétrica,
con una sustancia que se evapora en las gotas del auto
ante los primeros rayos agudos del sol.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Instantánea II

Mirada incandescente,
fragmentaria mirada
a lo lejos
detención inmediata del tiempo
flash introspectivo,

se aligera un momento el recuerdo:
inflexión de mi cuerpo;
te presiento,
tomo prestado de ti todo
y te abrazo a la memoria
quebrada, rota:
luz fragmentaria.