[] Fractario-Re

martes, 30 de septiembre de 2008

Consumación literaria

Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

Miguel de Unamuno

El librero de madera frente al sillón, a punto de desbordarse, se llena de más libro con letras plata. Los reflejos caminan ahora como dueños por la casa.

Había regresado esa mañana del parque. Tenía tiempo y decidió pasarlo en aquella librería que le gustaba tanto. Ese espacio lleno de olores, de historias y recuerdos que por momentos invaden. Un olor dulce lo atrae, no es la portada la que lo introduce en las historias, es el movimiento y el ron quemado del ambiente. Toma el libro y lo paga, sale de ahí.

En casa el librero empieza a tambalearse, convirtiéndose en un ritmo semejante a las manecillas del reloj, el sonido es ahora la expresión mínima de la soledad en casa.

Un libro lleno de polvo en el suelo, refleja mínimos destellos plata.

Por la noche revisa las páginas lentamente, el gato restriega su cola en la pierna, sintiendo más de una presencia. No se preocupa, la historia le ha ganado, es la página 366 y aún siente ganas de seguir leyendo. Ha decidido dejar de ser un lector salteado, prefiere terminar la historia de una buena vez. De un salto, el gato llega hasta las páginas del libro, cosa que ya no le disgusta, aunque sigue teniendo cierto cariño por las hojas amarillentas. Llega hasta el último párrafo y la presencia se ha acumulado, pero él sigue con la insistencia de terminar su libro. El gato se pierde maullando.

Se levanta del sillón en el que estuvo leyendo, apaga la lámpara de luz blanca, que empezaba a molestarle. Cruza un pasillo oscuro y frío para llegar a su cuarto, una leve mirada lunar se filtra. Son cerca de las tres de la madrugada, hora de dormir, ha pensado.

Un micro-universo se movía a la par de su lectura. Algo ronda por las letras infinitas de los libros en su biblioteca.

Por la mañana, entra a su galaxia de papel, miles de micro-luces le ciegan, un diminuto escuadrón invertebrado con destellos plata ha vivido en sus libros desde hace bastantes años. Un ácido alimenta a esas criaturas. Sale. Busca a Claus, ya que no durmió junto a su cama, la historia ahora podría pensarse como una idea que implica la desaparición, es decir, es un gato, lo que resta es que salga de su vida, él está acostumbrado a eso. Tenía cierto cariño por sus libros, una de las razones era que no pueden moverse, permanecen en casa, confiaba en que estarían ahí.

Vuelve a la biblioteca, un ejército de frágiles e infinitos destellos trepan hasta él, suben hasta su cuello, el cuerpo brillante es consumido poco a poco, es brisa de mar en un atardecer que declina en una playa casi imperceptiblemente, el cuerpo ronroneando cae desprovisto, consumido por los millones de reflejos que antes habían devorado las historias, cada una de las letras.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Without sounds

La nada no ocupa mi pensamiento sino mi vida.

Juan José Saer

Un hombre camina por la calle. El viento juega en el camino, choca contra las hojas y se estrella contra sí mismo, se atraviesa y penetra en delicada sincronía; él cree escucharlo todo, incluso el sonido gris que silba, imagina una voz, es más, son muchas voces las que susurran. Salió del bar en donde siempre le atiende una mujer clara, adivina sus pensamientos porque sabe que su lenguaje es prácticamente intraducible; el timbre de la voz femenina es como un clarinete que suena en los sueños.

La cotidianidad, algunos sonidos, las verdades y las mentiras ,entre otras cosas más, lo rebasan, por eso un día se quita una parte de sí; decide dejar de oír, desprenderse y probar con otros sonidos. Un poeta sin oído, un poeta que habla, escucha y escribe en otra lengua, su estrategia es suplantar al oído por las caricias visuales, por eso, cada noche transporta en la memoria a la chica del bar hasta su rincón más íntimo. De su bolsillo desdobla un papel roído que estaba pegado a una botella de cerveza, lo mete debajo del almohadón, es un recuerdo que cuida noche tras noche, pacientemente, después de haber bebido en el lugar de los no sonidos.

Pero al final qué son los recuerdos, sino una sustancia que se evapora hacia la nada, son la nada que se aligera.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Sin Foto II

Fin de la belleza

¿es tan fácil tomar una fotografía, si la imagen se pierde, no hay encuadre, el papel polaroid deja de existir, la maquinaria del disparador se traba, el vestido verde se torna gris, se difumina, se muestra evanescente, el color absorbe la mirada, la mirada imperceptible, impenetrable; no reconozco a mi personaje en la piel, en el papel; cuando ni siquiera hay el menor intento de enfocar?
The garbage machine again...

martes, 26 de agosto de 2008

Borrador

Escribo
orinando sentimientos
mientras las palabras se pasean por la alcoba.
El tigre imprime en cada idea una causa para el olvido.
La tinta roja, azul y negra; la tecla que suprime en la computadora
son el pretexto para alejar al fantasma.
Tecla y tinta, ahora en comunión destruyendo,
separando letras, hasta llevar al margen del cuaderno
tu espejo d e s a r t i c u l a d o ;
así, con el azar en la página y el cariño vomitado,
abriendo espacios, separando tu presencia de las sílabas.
No queda más que pedir un documento en blanco

martes, 19 de agosto de 2008

Foto I


El blanco y negro recuperando el sepia en la memoria.
Una mirada que sugiere una pérdida, un llamado.
Los recuerdos: especie de silencios, que juegan, que clavan sus uñas y se niegan al olvido. La tarde limpia de autos y música lejana, el sonido se detiene,un alto deliberado reclama a través de la imagen sepia que está frente a mi, la palabra, las palabras que has dejado de decir, que han dejado de escribir y, desdoblan una infancia, de esta forma se detiene la sintaxis, una vez más...

viernes, 1 de agosto de 2008

No song

La ciudad entera está llena de solitarios
dominados por la nostalgia del pasado.
EnriqueVila-Matas.
Drifting Body Its Sole Desertion
Flying Not Yet Quite The Notion.
Jerry Cantrell.


Sobre la mesa están las líneas de una posible canción. Esas líneas son la metáfora de una noche de paseo de Layne, el quejido de las hojas de los árboles, la parte próxima al vacío.
Hay una historia que se cuenta en las partituras y hay otra que simplemente existe de manera alterna. Un escritor encuentra lo que parece un hallazgo. Una tarde de tragos en alguna ciudad con ruidosos pedales grunge es el escenario. Conoció a Jerry en un Club a mediados de los 80´s, Jerry siendo ya un guitarrista con genio, sabía desplazar la mano por las notas con carácter, pero cuando se trataba de molestar al público, tenía siempre preparada una buena cantidad de acordes con distorsión armonizada.
Hay un guitarrista al que llamaremos Marc: joven de 27 años, usa cabello largo, pantalón de mezclilla y camisa de franela. Dedica sus tardes a la búsqueda de LP´s. Así había encontrado los clásicos Are you experienced? de Hendrix, This note´s from You en el sello BLUE NOTE de Neil Young.
Cansado un poco de los acordes basados en quintas, Marc recorría los clubes buscando algo diferente, encuentra una banda llamada The Gacy Bunch, la cual tenía la peculiaridad de indagar en las raíces del blues, sin apartarse por completo del sonido de Seattle.
Marc gustaba de darle vida ajena a sus personajes reales, solía crear historias de los músicos que iba conociendo, hacer una especie de homenaje perdido en el cuaderno que llevaba siempre. Ahí frente al escenario: Marc, un bolígrafo y el cuaderno de notas; biografías de extraños o simplemente alguna curiosa nota sobre el músico.
En una página suelta se lee:
Camina por la calle empedrada, acelerando el paso al dar vuelta a la esquina. Sonidos y luces. Sus pies no resisten más, lleva todo el día, se mueve sin saber a dónde va, por qué salió de casa.
Uno de sus amigos le había comentado que visitara al médico, después de que el último concierto fue realmente lamentable, no era el frío el que había entumido sus dedos, era como si sus pensamientos se hubieran detenido. Primero vio como se estrellaba el vidrio grueso de sus recuerdos, cada pedazo de cristal en el suelo, cada parte de su vida en un acantilado, después, ya estaba con luces taladrando como alfileres, la visión se perdía, los sonidos eran fuertes, las notas delicadas encontraron la puerta clausurada al oído.
Sus problemas empezaron en uno de sus últimos viajes. Salía con una mujer que vivía deslizando su vida entre el son del padre y la música portuguesa de su madre. Había estado completamente entregado a esa relación de corto tiempo, fue como adentrarse a un instrumento nuevo, el olor delicado de una canela que se desvanece en el café, la voz como motivo para llevarlo a penetrar por sus historias, era una música cortada entre el fado y el son.
Ella sale una tarde, se pierde entre los pasos en la arena y el sonido del aire. La relación musical duró unos meses, que no son pocos, si se piensan como una infinita posibilidad de movimiento, nota a nota resonando en un espacio blanco. Aún recordaba la brisa del mar portugués, cada insistencia salada del recuerdo lo había llevado al fractal en su mente, cortar, desprender cada olor, cada mirada, el incesante sonido del viento que corría a la par de las palabras de ella.
Varias noches detuve mi tiempo en algunas partituras de algunos virtuosos, esto me llevó a rastrear el paradero de esta tablatura sin nombre, no había visto a alguien con tal facilidad para la comprensión y ejecución de la música que él poseía, era su lenguaje, su forma de vida, hablaba en notas, se movía…

Marc creía en la idea de concentrar la esencia de la música en su cuaderno, aquello que no escuchamos a primera instancia, Seattle o cualquier ciudad de Portugal, reducida y alterada por la locura de su autor. Un autor obstinado, creador de mundos posibles, un conspirador al que sólo le importaba el dinero para la búsqueda de sus LP´s. Más que un músico, Marc era un escritor escondido, como tantos, que se escapa en las letras de su cuaderno.
Una noche, alrededor de las once, escribe: Conóceme roto por mi maestro, él enseña sobre la infancia del amor en el futuro. Dentro, la inundación otra vez, el mismo viaje de regreso.
Entonces, descubrí un gran misterio. Intento ver mi camino por primera vez. El cuerpo veloz es como una planta desolada que vuela, la noción aún no está tranquila. ¿Estoy errado?¿Tengo que correr lejos para volver a casa? ¿Me fui?
La tarde de ese día, Jerry Contrell lo encuentra sentado, con su postura clásica frente al escenario con un cuaderno y bolígrafo en mano.
¿Puedo sentarme?, dice Jerry.
Marc pide un par de whiskies, y mueve la silla para éste. Esta ciudad se está convirtiendo en un espacio para la desolación, la estridencia, uno podría suicidarse en cualquier momento con esa música, se respira cierta enfermedad.
Jerry se queda consternado. Pensé que te agradaba esa música, con frecuencia te encuentro por estos lugares.
No, no, nada de eso, en realidad me gusta más la raíz de ésta. Pensar en el blues, por ejemplo. Me parece que hay músicos que han sido capaces de percibir en el presente las líneas básicas de la realidad futura, creo que se trata de buscar entre las líneas transparentes que se encuentran en el pentagrama. Dice eso mientras de un sorbo termina su whisky. Pide la cuenta. Marc aprovecha las notas de un solo en el escenario para perderse en el Club.
Sale a pasear. Ligero movimiento del viento en su cabello, un bolígrafo en mano. La inundación otra vez. Mi cuerpo se desplaza veloz como una planta, desolada. Mientras camina, recuerda el accidente, su pareja había muerto, desapareció una tarde, Marc seguía pensando en eso.
Jerry sigue sentado en el Club, hojea el cuaderno y piensa en si acaso Marc lo ha dejado con algún propósito. Lo lee de manera desinteresada. Creía que iba a encontrar otra cosa, nada ahí le interesa, letras, sólo muestras de vacío. Se levanta con un cigarrillo en la mano. El cuaderno sobre la mesa.
Un tipo que tiene un porte diferente, no usa pantalones rotos, ni camisa a cuadros, entra al Club, se sienta en la barra, enciende un cigarrillo y pide una cerveza. Parece ser un periodista, quizá venga a cubrir la noticia del vocalista desaparecido de The Gacy Bunch.

jueves, 17 de julio de 2008

I

La ciudad es un continuo devenir de lo insólito y lo tangile.


II


Si el sentir se condensa,

me quedo con la última mirada.

No quiero un cántaro roto.

III

Creí habitar una literatura. No, creo habitar una literatura,en la que me fragmento,

en la que irremediablemente te tiras al vacío,

a las vías de un tren imaginario.1


IV

Como Tolstoi predijo: las vías de los trenes son una imagen humana del destino.

Causa por causa, todo adquiere un destino descifrable, que nos sorprende y nos aterra.

1 En la enciclopedia summa de escritores menores, Kronenberg da fe de la insistencia de Luis Gondo, a la ciudad rota y la mirada. Nos remonta al imaginario místico de un lenguaje inalcanzable y por lo tanto, fragmentado en los tejidos cognitivos del sujeto.

martes, 15 de julio de 2008

PEÓN

Nada.
Mover un peón sobre el tablero
nada más.
Peón cuatro Dama.
Contra nadie.
Contra el hastío.
Contra la incertidumbre.
Contra la zozobra.
Contra el infinito.
Contra la nada.
Luis I. Helguera