[] Fractario-Re: Plain notebook (Fragmento)

domingo, 29 de marzo de 2009

Plain notebook (Fragmento)


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El viajero no sabe que la ciudad de Puebla se sostiene por deseos, y éstos, a su vez, son los que poseen a sus habitantes.

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Thomas Klaus miraba el reloj que indicaba las 12:00 horas, la estación de trenes estaba habitada por cientos de jóvenes estudiantes, él se podía distinguir por su cabello largo y su estilo de vestir pasado de moda: suéter de rombos y pantalón de pana café; todos los demás uniformados. Alemanes. Todo un ejército de batalla. Klaus llevaba bajo la axila una cantidad considerable de papel de estraza y una libreta Moleskine, que estaba envuelta entre los demás papeles. Su equipaje: una maleta y un reproductor con música de Can, Manneheim Steamroller y Museum Rosenbach.

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Plain notebook

Jardines de San Francisco

Puebla, 19 de febrero

Llevo relativamente pocos días en esta ciudad que me parece fascinante. Puebla se descubre en una estructura arquitectónica barroca, caótica, pero su traza es tan clásica, tan lineal, que por momentos pienso que no ­podré extraviarme en esta urbe. Mientras camino por un lugar que se encuentra cruzando lo que antes fue un río, una especie de fatamorgana: un jardín con desniveles que es capaz de aislar los sonidos de la ciudad y la antigua arquitectura de una fábrica que se descubre sólo una vez que te internas en ella, hasta el momento de pertenecer a este gran espacio verde. Decía que mientras camino, veo a muchas parejas, expresan su cariño de una forma ajena, parece que todos viven un simulacro de pasiones, todos actúan de forma mecánica: se toman de la mano, se sientan y besan. En mi país, sólo queda el yo.

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Thomas Klaus reconoce en el viaje una búsqueda. Sabe que ahí todo se torna más entrañable.


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Después de un camino de media hora han dejado atrás la ciudad, al menos eso piensa Thomas, puede ver desde el estudio de Perla un mosaico de luces. Siente igual que él a la ciudad fragmentándose en la oscuridad. Se queda mirando a lo lejos

y no dice

palabra [ ].

Cree que la casa es una fatamorgana a las afueras de Puebla. Después de un rato toman el té preparado por Perla y conversan… se sugieren.

Perla mira los ojos verdes de Thomas y desnuda el cuerpo en el paraíso de su memoria, ella desconoce el destino de esta idealización, se calla porque tiene miedo de nombrar lo que no existe. Sabe que llegar a su casa fue una muestra mínima de la trascendencia del tiempo en ese espacio reflejado en la mirada de Thomas Klaus, que no tiene más que el presente: sentados en el césped y que el futuro, como dice Enrique Vila-matas, es sólo una figura retórica.


3 comentarios:

Unknown dijo...

Me gustó aunque me hayas obligado a sacar el diccionario. Fatamorgana...
Hasta eso, fue agradable descubrir el origen legendario de la palabra.
Un abrazo desde Camelot.

Pepe Prado dijo...

Gracias, sí, me gusta más esa idea del hada porque da más posibilidades de sentido. Un abrazo...

Jos dijo...

La unica cosa q no megusto fue la idea de los alemanes uniformados .. nes tanto prejucio. Creo q de fuera cada cultura parece uniformada porq buscas lo q une a las personas..pero ya conoces a una alemana no tan uniformada. Lei tu cuento a penas en el tren.. encontre algunas cosas cosas mas, ideas q me gustaban sobre todo esa idea de amor, como una cosa q te pasa pero q no se debe agarrar.un fatamorgana.
Te mando un abrazo espero q estes bien